Depresión navideña

Diciembre es el mes en el que la mayoría de las personas suelen deprimirse en demasía, más que cualquier otra temporada del año. A todos nos ha pasado que nos entristecemos por una u otra razón en estas fechas y desconocemos por qué no dio este sentimiento, esta nostalgia, pero es tan fuerte que nos enfurecemos o las lágrimas brotan y no logramos contenerlas. Me ha pasado en algunos años, sobre todo aquellos en los que no tengo pareja o mi familia decide irse de vacaciones y no puedo acompañarlos, por lo que tengo que quedarme solo en casa. Sin embargo, mis momentos nostálgicos no son de gran magnitud como el de muchos otros individuos que llegan incluso al suicidio.

Nuevamente estamos en la fechas decembrinas y hoy intentó ya no estar deprimido, debido a que este año fui testigo de uno de los momentos que han marcado mi vida. A inicios del 2017 decidí tomar clases de inglés debido a que tenía un inglés básico, por lo que me inscribí a una escuela particular, de esas que anuncian en televisión. Ahí conocí a Fabián, un joven muy inteligente, respetuoso y con valores. Lo sabía por su forma de expresarse, por los temas de conversación que tocábamos cada que nos veíamos fuera de los salones o cuando íbamos por un café o una cerveza. Su vida fue dura, pues desde muy joven perdió a sus padres, primero a su mamá cuando apenas tenía 10 años y después a su papá, cuando recién había cumplido los 18; por lo que tuvo que irse a vivir con una de sus tías, quien le prestaba poca o nada de atención. Él tuvo que ingeniárselas para trabajar y estudiar al mismo tiempo, pues no contaba con el apoyo económico de sus tíos, quienes creían que con darle un techo y comida era suficiente. El resto corría por cuenta de él.

Pese a las adversidades pudo salir adelante, logró terminar una carrera, consiguió un muy buen trabajo y además estaba aprendiendo dos idiomas para complementar su currículum. Pero las personas suelen ser muy crueles y además de lo que sufría con su familia, en su estancia en la preparatoria y universidad sufrió de acoso, lo molestaban por ser huérfano o por ser muy inteligente y destacado, es decir, por ser nerd, según los estándares que han establecido los estudiantes.

Cada diciembre, según me contaron sus pocos amigos y algunos de sus primos, se deprimía, no salía y menos celebraba las fiestas de Navidad y Año Nuevo. Se la pasaba encerrado en su cuarto o salía a esconderse en un bar de mala muerte y bebía hasta que el sueño se apoderara de él y pudiera dormir. Pero este último año fue diferente, como si todo lo negativo de su vida se apoderara de su mente, la llenara de una nube gris y lo obligara a terminar con su vida. Un disparo en la sien fue suficiente. Yo no pude hacer nada, no vi ninguna de las señales que me indicaran que algo andaba mal, todo lo supe gracias a sus amigos y familiares el día de su funeral. Una lástima que por el acoso y la falta de cariño hayamos perdido a un ser tan valioso.

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