La Admiración

El día de ayer estaba caminando por las calles de la ciudad  durante las horas de la noche admirando la inmensidad que causan las luces de la ciudad a la vista humana después de la caída del sol cuando parece que miles de estrellas o micro planetas cayeron del cielo a nuestro tiempo y espacio. Al estar caminando por las calles entre señalamientos viales y de todo tipo vi un grafiti a la muy mexicana de Don Porfirio Díaz cuando era un joven general. Don Porfirio estaba retratado con su uniforme del ejercito mexicano agarrando su sable de caballería con su mano izquierda y señalando a algún punto en el horizonte como dirigiendo un ataque.

 Este es uno de los pocos grafitis que me resultan interesantes ya que por lo general me parecen deplorables, sin embargo esta vez el dibujo no solo estaba perfectamente bien diseñado sino que se encontraba arriba de unos magueyes que parecían ser aquellos que se encontraban en el campo de batalla de puebla donde fue la mayor distinción del general días al hacer la famosa carga de caballería que hizo a los franceses ver su suerte y abandonar el campo de batalla para darle a la Republica Mexicana un año mas de vida antes de que regresaran de nueva cuenta para ajustar cuentas.  

 Si bien siempre he sabido el hecho que admiro a Don Porfirio en este momento entendí que la admiración es profunda ya que ridículamente y de modo extraño, siento una gran conexión con aquel personaje histórico que para mi es sin duda el mejor líder que a tenido México en su historia. Asimismo, entendí lo fuerte y lo extraño que es el magnetismo de la admiración, un concepto que en nuestro inconsciente colectivo es casi ambiguo y algo abstracto.  

 La admiración, si es que la examinamos de una manera más microscópica, es algo que el ser humano promedio busca de manera consiente o inconsciente ya que esta nos recuerda que nuestra presencia en este mundo es valorada algo que es tremendamente importante para la mayoría de nosotros aun retenemos en nuestro instinto aquella necesidad de pertenecer misma que proviene  de nuestros principios mas remotos de aquellos donde un ser humano no podía sobrevivir por si mismo en unos alrededores tan amenazantes como lo eran esos. Por otro lado la admiración tiene otras propiedades mas mundanas aunque necesarias.   

 Con esto me refiero que, inclusive etimológicamente, la admiración es una vía de placer para ambos lados: es decir para el emisor de la admiración como para el receptor. El emisor de esta recibe placer debido a que el admirar significa nada menos y nada mas que el ver con placer ergo recibe placer al admirar. Por el otro lado aquel que es admirado también recibe una dosis de placer canalizada por aquel que le admira. A su vez, el placer es también una agencia de los valores que conforman al respeto y el respeto es uno de los valores más fuertes y potentes en nuestro mundo.