Los ruidos tenebrosos de mi casa

Ya no hay día alguno que en mi casa no se escuchen ruidos extraños que te ponen los pelos de punta, que te aceleran el corazón y te erizan la piel. No hay explicación para ellos, por más que traté de pensar en una razón lógica para lo que estaba sucediendo, no había, simplemente mi hogar estaba embrujado.

Todo comenzó hace tres meses, cuando me encontraba en la sala de mi casa viendo una película de terror pasada la medianoche (vaya ironía), cuando de pronto escuché como los pisos laminados del lugar comenzaron a crujir, como si algún animal de uñas largas o patas puntiagudas caminara sobre la superficie de la sala. Al principio creí que al ser como una especia de madera, así tronaba el suelo, pero la verdad es que éste tipo de pisos está hecho con otro material que no hace esos sonidos. Comenzaron a darme escalofríos ante cada pisada, mi cuerpo se encogía y mi respiración era más agitada. No podía soportarlo y corrí escaleras arriba para refugiarme en mi cuarto. Después de eso ya no volví a escuchar nada más por ese día.

Cuatro noches después, cuando parecía que todo había vuelto a la normalidad y estaba por caer dormida en mi habitación, se escuchó como si estuviera forzando una perilla para que esta abriera. Creí que era la mía y quería confirmarlo, pero me había metido debajo de las sábanas para resguardarme ante todo mal. Cuando me armé de valor y asomé la cabeza, vi que mi puerta estaba normal, que no era mi perilla; sin embargo, el ruido seguía tan fuerte y cercano que no lograba descifrar cómo era eso posible.

Le comenté a mis padres de los que había sucedido las dos  noches y ellos, con toda la tranquilidad del mundo, me dijeron que era normal, que desde que se mudaron a esta casa se han escuchado por lo que no debía preocuparme, pues a ellos nunca les había pasado nada. Yo no podía estar tranquila hasta saber lo que era o a qué se debía, quizá era algo mal que estaba con la casa. Pero los ruidos cambiaban de lugar y parecía que se adaptaban a la zona de la casa en la que yo me encontraba. Como cuando estaba en la cocina una noche que bajé a tomar un vaso de agua, comencé a oír como si los trastes se cayeran y se rompieran, lo que me hizo soltar un grito y saltar del susto. Pero al voltear no había nada, todo estaba normal. Mis padres bajaron al escucharme gritar y me dijeron que no hiciera caso, que era algo normal o la broma de un ente que vivía aquí.

¡¿Ente?! Eso no me calmó para nada y por más que trato de pensar que los ruidos son la cosa más normal del mundo, hay noches que no puedo dormir y otras en las que pienso que quizá el fantasma o lo que sea que me está molestando, está obsesionada conmigo y me he convertido en su juguete favorito para molestar. Ya no sé qué más hacer.