¿Vivir juntos o casarse antes?

Lo primero que debes preguntarte y preguntarle a tu pareja es si quieren casarse, y no me refiero a entre ustedes, sino como una pregunta personal, si esto forma parte de sus objetivos de vida. Si la respuesta es negativa, creo que ya sabes cuál es la opción que debes elegir, si uno sí quiere y el otro no, deberán discutirlo, conocer si hay posibilidad de que alguno cambie de opinión o acepte la condición del otro, pero ese ya es un problema que deben resolver como pareja. Si ambos desean unir sus vidas con la de alguien más en matrimonio, aquí empieza algunas de las ventajas y desventajas que he llegado a conocer a lo largo de mi vida.

Les voy a contar un poco de mi historia. Cuando yo le propuse matrimonio a mi novia le dije que nos fuéramos a vivir juntos, fuimos a ver el que sería nuestro nuevo nido de amor en una zona conocida como Departamentos Condesa, donde había lugares de distintos precios, tamaños y formas. Nos fuimos por uno de los más económicos pero que estaba en una buena zona. Así que dos semanas después comenzamos a vivir juntos, ella llegó como mi prometida, cabe mencionarlo. Tenía en el dedo una promesa de boda. Los primeros meses son como cualquier relación, todo es miel sobre hojuelas, pero los problemas no tardaron en llegar más de tres meses. La convivencia diaria provoca aún mayor fricciones. Peleábamos por dónde acomodábamos la ropa o nuestros objetos personales, si yo dejaba tirada la ropa o los controles de mi Play Station, si ella hacía mucho ruido al levantarse, etc.

Estos pequeños altercados fueron desgastando nuestra relación al grado de hacernos dudar si queríamos compartir nuestras vidas, pues no podíamos estar ni siquiera en el mismo lugar. Así que decidimos intentar arreglar nuestras diferencias charlando, poniendo reglas y condiciones para una sana convivencia. Pasó un año y no lográbamos la misma armonía que teníamos cuando no estábamos comprometidos. Al parecer la presión de ser marido y mujer en un futuro no muy lejano era una presión que no pudimos manejar y terminamos separándonos. Esto me hizo pensar qué hubiera pasado si hubiéramos comenzado a vivir juntos después de casarnos, dar marcha atrás significaba un divorcio, ya con documentos que firmar y un antecedente legal de que no pude estar con alguien hasta que la muerte no separe.

En mi siguiente relación formal, la cual tardé poco más de un año en conseguir, decidí proponerle que se fuera a vivir conmigo después de dos años de relación, pues sentía que debía proponerle matrimonio, pero no quería que me pasara como con mi exprometida. Así que si debía dar marcha atrás, lo haría mientras no hubiera un anillo en su dedo y sólo tendría que, básicamente, correrla de mi departamento. Una decisión más sencilla debido al grado de la relación, que podría amortiguar el dolor de un rompimiento.

Al final nos llevamos bien, le  pedí que se casara conmigo, aceptó, vivimos otro año más juntos antes de casarnos y llegamos al altar. Todo iba de maravilla, hasta que llegaron los hijos. Pero esa ya es otra historia…